Escribir me relaja y me ayuda a ver las cosas con perspectiva. Sólo llevo un día aquí pero ya he sentido mil emociones. No todas buenas, pero tampoco todas malas. Ahora mismo me siento victoriosa. Las que lleváis tiempo en este mundillo me podéis tachar de ingenua porque sé que aún me queda mucho por recorrer y que habrá patacazos, pero ahora mismo me siento capaz de superarlos. Creo que pensar de este modo es importante, así que me aferro al optimismo para sobrevivir.
En un día ya he notado algunas cosillas que me han sorprendido, por decirlo de algún modo. Más bien, son aspectos que me han chocado bastante y que casi me provocan un paro cardíaco en todo su esplendor. Hablemos un poco de ellos:
- la piratería: los que vivís en Alemania ya lo sabéis, así que no os digo nada nuevo cuando explico que aquí se toman esto muy en serio y que no es moco de pavo, como sucede en España. Mis HP ya tuvieron que pagar una multa porque la anterior au pair se bajó algo por torrent (se dejó algo a medias en su país, llegó aquí y aunque no lo activó -o eso entendí-, pudieron rastrearlo y entrar en su IP), así que están escarmentados y no quieren volver a tener problemas. Me contaron que ahora están en La Lista (me reiría si no me hubieran metido tanto miedo en el cuerpo, que un poco más y me convierto en fantasma de lo pálida que me puse) y que de tanto en tanto pueden entrar en su IP a comprobar que no se hacen actividades ilegales. No sé cuánto es verdad y cuánto es mentira, pero lo que sí sé es que no quiero jugármela. La multa que les podría caer (a mí, porque ellos no la pagarían, evidentemente) es de más de 1000€, Pregunté si habría algún problema en ver las series online, y me dijeron que no mientras las viera en páginas legales (seriesly muy legal, que yo sepa, no es). Gente, consejo. ¿Habéis tenido problemas viendo series o películas online? ¿Recomendaciones? Lo mejor de todo es que yo no paraba de preguntarle cosas a la madre, porque ya me había informado y sabía algo del tema, pero ella me miraba extrañada y me decía 'es que, de todos modos, es ilegal. Eso también pasa en España, ¿no?'. Sí, igualito. Le contesté muy educadamente que las leyes no eran tan estrictas como aquí. Se quedó con el ceño fruncido el resto del viaje.
- lo que ellos consideran 'jamón del bueno': les traje jamón de casa y me dijeron que lo empezarían cuando se acabara el que tenían ya abierto, que también estaba rico. Probé el suyo anoche y no repetí, no. Hoy han sacado el mío y he sido rauda y veloz en coger más de un trozo, evidentemente.
- la falta de servilletas en las comidas: ¿POR QUÉ? ¿es que no se ensucian la boca o las manos, los alemanes? ¿Es que yo soy muy rara por querer limpiarme las manos? Una de las niñas ha estado toda la tarde con la boca llena de tomate. La abuela se ha manchado las manos de nectarina cuando se la daba a la pequeña, que lo he visto, pero luego ¿DÓNDE SE LAS LIMPIABA? Lo mejor de todo es que sé que hay servilletas en esta casa; las he visto y las tienen todas en un armario. ¿Por qué no las sacan? Que no son trapos de seda, joder. Que son servilletas del súper.
Esto es aclimatación a pasos agigantados, eso sí. Anoche casi me da un patatús en la cena, porque los abuelos empezaron a hablar con los padres en alemán sin ningún tipo de freno. No hablaban más despacio por haber una extranjera en la mesa, no, sino que parecía que se ahogaban de lo rápido que iban al hablar. Yo me comí mi ensalada en silencio y asentía de tanto en tanto, porque mi nombre es el mismo en todos los idiomas y era consciente de que hablaban de mí, pero no lo entendía todo ni de coña. Sí que entendí que la abuela le dijo a la madre en algún momento que la anterior au pair 'lo entendía todo'. Give me a break, woman, que acabo de llegar. Pero no les guardo rencor, porque son unos bonachones y no paran de ofrecerme comida en la cena.
Los padres son una joya. El padre es muy, muy majo, y muy abierto. La madre me imponía mucho, porque tiene un aspecto muy serio, pero cuando está con las niñas es muy dulce con ellas y siento que cada vez me coge más confianza. Poco a poco, supongo. No me exigen nada, me dan libertad y me explican las cosas con calma. Aún siento que soy una invitada, y quizá por eso hoy le he preguntado al padre si podía coger un yogur después de cenar (tampoco comen nada de postre. ???????.) y me ha dicho que puedo comer lo que quiera y cuando quiera, que es mi casa, que no hay normas, y que gracias por todo (siempre me está agradeciendo las cosas este hombre). No sabe lo que ha dicho. Dentro de nada me pasearé en pijama a la hora de la cena y apareceré con la legaña en el ojo a la hora del desayuno. Marcad mis palabras.
Las niñas son un amor. Hoy no ha sido coser y cantar, para qué reconocerlo. La mañana ha sido complicada, pero he podido con ella y, por ello, me siento capaz de poder con todo. A la hora del desayuno, cuando he entrado en la cocina, la mayor ha puesto una cara de espanto que casi me deja clavada ahí mismo. Y la pequeña no paraba de mirarme hipnotizada, mirando cómo desayunaba yo e imitándome. Luego ha pedido jugar conmigo, y ya me la he ganado a lo largo de la mañana. Es muy de rutinas. ¿Que quiere leer un cuento? Pues a leer el mismo cuento una y otra y otra y otra y otra vez. ¿Que quiere columpiarse? Pues a columpiarla hasta que la au pair deje de notar cómo la sangre corre por sus brazos. Me miraba con su sonrisita y sus ojillos de ratón y ya me tenía en el bote. Los abuelos estaban encantados con el progreso, y yo también, para qué negarlo. Después de comer (yo he comido con ella. A las 12. Ole.) la madre la ha acostado un rato y se ve que no paraba de preguntarle que dónde estaba yo, que si yo también estaba durmiendo, y que por qué no podía venir a mi cuarto a dormir conmigo. Me la como.
La mayor, en cambio, se me ha resistido un poco más y ha sido más difícil. Durante el desayuno no me ha dicho absolutamente nada, se ha puesto triste y luego se ha ido al cole medio enfadada. Supongo que ha entendido entonces que la anterior au pair no iba a volver y que ahora había una extraña en casa. A la hora de la comida se ha puesto a berrear tanto que yo pensaba que se quedaba sin cuerdas vocales. La he dejado un rato con la madre, a ver si se calmaba, porque estaba claro que mi presencia allí sólo empeoraba las cosas. Al cabo de media hora he vuelto, con las energías renovadas y dispuesta a ganármela, así que me he sentado con ella y con la madre a jugar al Lego. Al cabo de diez minutos ya estaba construyendo un zoo enorme, yo toda entretenida, y la niña todo el rato poniendo animales dentro. Ha empezado a sonreírme y me llamaba por mi nombre, no por el de la anterior au pair. Después se ha ido a clase de música, y yo he aprovechado esas dos horas para descansar. Al volver, he oído cómo empezaba a llorar muchísimo. Pensaba que volvía a estar enfadada por algo, pero me he fijado y entre berrido y berrido he reconocido mi nombre. Resulta que se había asustado cuando la madre le ha dicho que yo, en ese momento, no estaba (era mi tiempo libre, y eso los padres lo valoran casi más que yo, de momento). He bajado a su habitación y las dos niñas se han puesto con una sonrisa de oreja a oreja al verme, así que hemos subido un rato más a jugar juntas hasta que ha llegado su padre. Entonces sí que me he despedido hasta la hora de la cena porque ese era ya su rato.
Hay momentos en los que me pregunto qué diantres hago aquí. Pero alejo esos pensamientos, y pienso en todo lo que me queda por hacer, y por aprender, y por conocer, y me animo al instante.